“La visión del mundo de cada persona es tan única como sus huellas dactilares.Por lo tanto, al tratar con la gente, intenta no adaptarla a tu idea de como debería ser…”
Milton Erickson
!Feliz cumpleaños a mí misma!, quería ser la primera en felicitarme. La de la izquierda soy yo cuando tenía dos años, entonces vivía en Barcelona y creo que es la única foto de pequeña que conservo soplando las velas de mi cumpleaños. Muchos años me tiré enfadada con mis padres por haber nacido un día como hoy, nunca lo pude celebrar en el cole por la sencilla razón de ser pleno mes de agosto y siempre recibí pocos regalos por este motivo, cosa que ví siempre injusta comparada con el resto de mis amiguitas.
Pero aún así y todo, me siento feliz por seguir cumpliéndolos, ya treinta y ocho añitos, parece que fue ayer cuando nací... parece mentira que aún me acuerde. El parto de mi madre fue programado a las doce de la mañana, ya vine dando guerra porque vine de culo y tuvieron que hacerle la cesárea. Y así nací en pleno mediodía, por lo que ya sabéis porqué me gusta tanto el día y me cuesta salir tanto de noche, porqué me despierto cuando apenas sale un rayo de sol y me entra sueño al salir la luna, porque soy sobre todo y ante todo, diurna. Respecto al horóscopo, para los que entendáis, nunca me he visto reflejado en él, Leo, los rugidos del león no son exactamente el sonido que más me seduzca, aunque es verdad que mi tono de voz es alto y fuerte y a veces pueda asustar a alguna pequeña presa, pero ya se sabe, no es tanto la fiera como parece.
Pues ya véis que para ser mi cumpleaños no es que esté yo muy inspirada que digamos y con muchas ganas de seguir tecleando más, ya comprendéis porqué, pues porque sencillamente mirando la hora que marca el reloj es tiempo de acostarse ya. Mañana me tocará ir a currar, espero que mis compañeras no me tiren mucho de las orejas, ni me hagan sonrojar cantándome el famoso cumpleaños feliz o el feliz, feliz en tu día. Y espero ansiosa la llamada de mis hijos, que aunque mañana no estén conmigo recibiré como regalo poder escuchar de nuevo sus vocecitas felicitándome y otras voces no oídas desde hace tiempo como cada año me sorprenderán y las más cotidianas también ahí estarán y compañías compartidas cuando salga de trabajar existirán y así otro año más cumpliré y otro año menos que podré disfrutar. Y pasa la vida y mientras pasa, yo aquí sigo, sigo sin parar. Y otro año repleto de ilusiones, de incertidumbres, de dejarme sorprender por lo inesperado que sin duda se está aproximando ya... Mañana sin duda, soplaré las velas de mi tarta de cumpleaños, para que mis deseos como cuando era niña se cumplan como siempre jamás...!Feliz cumpleaños Toñi!
Qué mejor manera que transmitiros con una canción las sensaciones experimentadas en mi viaje a Cantabria, fijaros en la letra, pues esta mañana cuando contemplaba la espectacular belleza del Parque Natural de Cabárceno me he acordado de esta canción, sin duda el lugar ha sido la guinda que ha adornado al pastel tan delicioso que ha sido este viaje organizado a última hora. Contemplaba el horizonte y he sido obsequiada con un maravilloso golpe de felicidad, sí, sí, de esos que aparecen de tarde en tarde y te hacen pensar que todo es maravilloso, vamos que como diría mi hijo mayor, sentía hasta los ojos mojados, cómo es poco emotiva la menda. Aquel que vaya por esas tierras que no deje de visitarlo, entraría a cometer casi un pecado por no darse tan tremendo placer.
Va a resultar difícil resumiros mi viaje pues me podría tirar horas y horas escribiendo todo lo que he hecho en 60 horas, que quitando 10 de viaje se me quedan en 50. Aunque en esas diez horas os podré decir que también he tenido sorpresas cómo el redescubrir la radio y la compañía que me ha hecho en todo el viaje, desde enterarme que la Sagrada Familia está concebida en su diseño por medidas de múltiplos de doce hasta reírme con Luis Piedrahita, cuando hablaba de que la bisagra que sólo se utiliza una vez será la de nuestro ataúd y que es una pena no poder reciclarla, yo me reía porque me acordaba de mi trabajo y de todo el humor negro que le echamos para poder soportar todo lo que vivimos y por cierto, si se os cae el móvil al agua, la mejor sustancia hidrófila que tengáis a mano para que el móvil quede operativo es el azúcar, lo que enseña la radio, por favor camarero traígame doce sobres de azucarillos.
Pues me marché el domingo por la mañana y llegué a mediodía a Santander y nada más dejar las cosas en el hostalito me cogí un autobús hasta el centro. Contemplé primeramente el casco antiguo y me decidí a caminar por el largo paseo marítimo, casi de tres kilómetros (¿pero ésto cuándo acaba? pensé para mí). Por él pude ver esculturas de Manolo Valdés, el de las meninas gigantes y de la dama de Elche de bronce que ya han pasado por Madrid, la verdad es que me gustó reencontrarme con ellas, es como si me dieran la bienvenida. Del paseo deciros que está muy bien cuidado con múltiples flores de muchos colores y al fondo la gigante bahía que en ningún momento perdí de vista y todo tipo de barcos, grandes y pequeños que la navegaban. Lo que más me gustó fue la península de Magdalena donde nada más entrar ví un trenecito y como una niña y ante mi gran dolor de pies decidí montar en él, y cual fue mi grata sorpresa que del trenecito salía una voz explicándote todo el recorrido, a su derecha la playa de los bikinis, llamándose así porque en los años 50 aparecieron las primeras mujeres de toda España luciendo tal prenda, estudiantes de la Universidad Internacional Mendéndez Pelayo que por supuesto no eran de aquí. Al lado de la península, la famosa playa del Sardinero, que con 19 graditos la gente bañándose como si tal cosa, es que los del norte están hechos de otra madera.
El segundo día, intentaré ser breve, decidí irme por la costa a recorrer los pueblecitos que te aconsejaban en la oficina de turismo y como soy muy obediente a esa ventura me embarqué, viento en popa y a toda vela mi querido Xsara. A las nueve y media de la mañana ya estaba en Santillana del Mar, lloviendo y con el chubasquero puesto y no creáis que estaba sola, la marabunta del turismo interior que se fomenta en toda España me acompañaba, tardé poco en recorrerlo, hermosa villa mediaval en la que no dejan meter el coche pero que sin duda estaba llena de tiendas metiéndote casi por los ojos la oferta de los sobaos o de las famosas quesadas, yo me resistí a éstas pero caí en la tentación de comprarme una rosca de Santillana, buenísima por cierto. Lo que más me agradó, la Colegiata de Santa Juliana, ella todo muy románica y así atrayendo a tanto turista. El segundo sitio, el que más me gustó, Comillas y no pensaba ir, pero la diplomada en turismo insistió tanto que a ella me acerqué. Y es que la tierra tira y no sabéis lo de catalán que hay por ese pueblo, hasta se dice que es la cuna del premodernismo catalán. Empezando por el capricho de Gaudí, una casita de veraneo que el concuñado de Comillas le encargó a tan poco nombrado arquitecto, y al lado, pues el palacio de Sobrellano, del hermano de la mujer del anterior y el famoso marqués antes nombrado, realizado por Joan Martorell y al que Gaudí diseñó el mobiliario y al que se acercó a veranear hasta el mismísimo rey Alfonso XII y todo su séquito. No tuvo desperdicio la guía como iba explicando todo el palacio y los consiguientes cotilleos de aquella época y de toda su villa. Por cierto ahí también está la primera universidad de Comillas claro está. Y acabando con los pueblos que visité, está San Vicente de la Barquera, sin duda el puerto y el recorrido del castillo fue lo que más me gustó, lo peor, encontrar aparcamiento. Y una vez ya acabado el paseo y siendo mediodía y toda la tarde por delante, pues a Picos de Europa que me dirigí, no sin antes pasar por Potes circulando por la carretera creo que de tercera casi a 30 kms por hora, vaya curvas, eso sí, unas vistas espectaculares y por todo el trayecto contemplando un arroyo que bajaba, una maravilla. Llegué a Fuentedé para coger el funicular, una hora de espera, para que después digan que hay crisis y una vez arriba pues me hice una rutita amarilla marcada en las piedras, a andar se ha dicho, otro contraste en estas tierras, pues todo roca y piedras. Y en el silencio mientras andaba, no me lo pude creer, entre tanto peñasco el becerro de una vaca oí sonar y a la misma a lo lejos contemplar, no me extraña que en la India sean sagradas.
Y como he empezado por el final, pues aquí me despido, al que haya conseguido leer hasta aquí, enhorabuena le digo. En unas horas al curro, pero aún en este tiempo de sueño que me queda, espero aún disfrutar de todas las vivencias que he sentido con este amor de verano, breve, pero intenso. Besos, compañer@s de viaje.
Tengo suerte de disfrutar de una segunda tanda de vacaciones en las que están incluidas el mar y aunque hoy llueva en este pequeño pueblo a cinco kilómetros de Gandia llamado Daimús, disfruto de todo lo que conlleva este pequeño rincón de Valencia en el que tanto dejé y del que tanto me quiero llevar. Aquí tuve durante cuatro años un pequeño apartamento y que como la marea borra las huellas dejadas por todos los veraneantes pasada la noche, así fue borrado de mi presencia hace ya tres años, cuando la hecatombe del divorcio hizo que me alejara durante tres años de este acogedor lugar.
Regresé ya no al mismo sino a otro que bien quiso el azar, mucho más pequeño, con una cocina estilo office, un baño, el comedor y una habitación nada más, terraza grande, bien iluminado y dando de espaldas hacia el mar, aunque su rugido cuando las olas gimen por la noche pueda escuchar. Días intensos y a veces largos, piscina, playa, paseos, juegos y un sinfín de cosas más. Agotada de todo el día trajinar, para arriba, para abajo, para el medio, dando vueltas sin demorar... gira, gira en la colchoneta que mis hijos se encargan de no hacerla parar. Arena encontrada en cualquier zona del cuerpo por muy recóndita que esta parezca, catando a cada instante como un gourmet el sabor del mar, que más bien a bocanadas y como un hambriento se encarga de devorar. Aguadillas sin ton ni son o más bien con sinotón, que una inventada palabra sea al menos así rimará. Y pasan las horas y se acerca la bendita noche cuando crea así poder descansar, pero para qué están las vacaciones sino están para trasnochar, por lo que el tradicional paseo después de cenar tengo que realizar, paseo marítimo por el que todo veraneante de la playa ha de sus pies posar, horchata o helado, mínimo consumo realizar y después el área de juegos, colchonetas, minigolf o billar, y la luna ya avanzada veo con ojos cansados con gran asombro alumbrar, luna llena y como un gran queso redondo y grande que confundo con el sol que durante el día se ha encargado de mi piel caldear. Y veo niños a caballito vencidos por el sueño encima de sus papás, espero que ni se les ocurra a uno de mis hijos pedirme un deseo más... "mamá, porfi..." y yo bajo la cabeza y me dispongo a mis oidos taponar, ni que fuera el Banco de España para todo el dinero derrochar. Y por fin me dirijo al apartamento, cansada de tanto bregar, se ponen el pijama pero aún... !quieren más!, una peli de Walt Disney desean las majestades contemplar, abro el sofá cama y nos echamos los tres y supongo que adivinaréis quién es la primera en dormitar, antes de que aparezca la primera escena creo que empiezo a roncar, sepultada entre mis dos hijos, mis dos joyas que pesan un quintal, van creciendo y sus cuerpecitos que antes me hacía gracia que se tumbasen encima mía, ahora resultan mis huesos casi quebrantar.
Y ya queda poco para que se acaben las tan deseadas y temidas vacaciones, quizás las dos caras del famoso euro que tan rápidamente por mis manos ha de pasar, vuelta arriba, vuelta abajo, rueda que rodará. La nostalgia aparece antes que las vacaciones quieran terminar y desde aquí, desde este pueblo con vistas al mar, un beso muy certero que vuestra amiga os quiere regalar.